Simplemente, gracias

Manu pasó a la historia como el mejor del deporte argentino

Hace un par de horas que estoy enfrente de mi teclado, pensando. Impactado por la noticia. Tratando de comenzar a explicarles, en aproximadamente 400 palabras, lo que Emanuel David Ginobili significa, no solo para mí, sino que también, para casi todas las personas del mundo. Sabía que era posible que pase, sabía que estaba cerca, pero no quería que lo haga. Manu, se retiró.
Lo digo, y no lo creo. Parece a propósito que justo hoy, que se cumplen 14 años de la victoria frente al Dream Team, en Atenas, Ginobili se retire. Porque ese día pasó a la historia como uno de los más importantes del básquet nacional, pero a partir de hoy se recordará por el día en que Manu dijo adiós. El argentino que supo llegar a lo más alto del deporte en Norteamérica. No una, ni dos, sino cuatro veces. El argentino que enamoró a todo el mundo, no solamente por su habilidad (monstruosa) a la hora de jugar, sino que también por su sacrificio, su entrega, su humildad, y su ética de trabajo. Al mismo tiempo, su liderazgo en el equipo nacional, puso a los basquetbolistas de nuestro país en el mapa.

No se por dónde empezar. Todavía me acuerdo las finales de la NBA del 2003, cuando Manu estaba terminando su primera temporada en EEUU. Yo tenía, apenas, 7 años.  Me acuerdo que estaba convencido que Ginobili era el mejor jugador del mundo. Cómo no serlo, si los tres primeros años que lo vi, llegó a la final del mundial, ganó la NBA, y ganó los Juegos Olímpicos. Se convirtió en mi ídolo. Se convirtió en alguien al cual no le encontraba ningún defecto.

Con el tiempo, nada cambió. 11 años después, vi como ganaba la NBA por cuarta vez. Desde otro rol, pero determinante como siempre. También, siempre lo admiré por lo que hacía afuera de la cancha. Lo aprecié desde su lado humano. Por eso, comencé a decir que Manu no era solamente el mejor jugador argentino de básquet de la historia, para mí, era el mejor deportista que haya existido en nuestro país.

Se que sería egoísta de mi parte, enojarme por su decisión. No lo hago. Me enojo porque se que cuando arranque la temporada en octubre, habrá un vacío enorme en mí. Una cantidad inexplicable de sensaciones que solo él fue capaz de generarme, incluso hasta sus últimos partidos con 40 años de edad. Se que lo voy a extrañar todas las noches de NBA. Pero también se, que le voy a estar agradecido toda mi vida por hacerme enamorar de este deporte.

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