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| Manu pasó a la historia como el mejor del deporte argentino |
Hace un par de horas que estoy enfrente de mi teclado,
pensando. Impactado por la noticia. Tratando de comenzar a explicarles, en
aproximadamente 400 palabras, lo que Emanuel David Ginobili significa, no solo
para mí, sino que también, para casi todas las personas del mundo. Sabía que
era posible que pase, sabía que estaba cerca, pero no quería que lo haga. Manu,
se retiró.
No se por dónde empezar. Todavía me acuerdo las finales de
la NBA del 2003, cuando Manu estaba terminando su primera temporada en EEUU. Yo
tenía, apenas, 7 años. Me acuerdo que estaba
convencido que Ginobili era el mejor jugador del mundo. Cómo no serlo, si los tres
primeros años que lo vi, llegó a la final del mundial, ganó la NBA, y ganó los
Juegos Olímpicos. Se convirtió en mi ídolo. Se convirtió en alguien al cual no
le encontraba ningún defecto.
Con el tiempo, nada cambió. 11 años después, vi como ganaba
la NBA por cuarta vez. Desde otro rol, pero determinante como siempre. También,
siempre lo admiré por lo que hacía afuera de la cancha. Lo aprecié desde su
lado humano. Por eso, comencé a decir que Manu no era solamente el mejor jugador
argentino de básquet de la historia, para mí, era el mejor deportista que haya
existido en nuestro país.
Se que sería egoísta de mi parte, enojarme por su decisión. No
lo hago. Me enojo porque se que cuando arranque la temporada en octubre, habrá
un vacío enorme en mí. Una cantidad inexplicable de sensaciones que solo él fue
capaz de generarme, incluso hasta sus últimos partidos con 40 años de edad. Se
que lo voy a extrañar todas las noches de NBA. Pero también se, que le voy a
estar agradecido toda mi vida por hacerme enamorar de este deporte.

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